30
Dic
08

Estimuladores del cerebro. Por Emilio Silvera.

neuronas

En todas las culturas y en todas las épocas, los seres humanos han buscado sustancias “mágicas” para impulsar los niveles de energía de la mente y del cuerpo. Desde el principio de la historia, curanderos, charlatanes y brujos han estado vendiendo tónicos, píldoras energéticas y estimulantes para potenciar el cerebro, de tal manera que hoy en día disponemos de un impresionante arsenal de fármacos que actúan sobre el cerebro para aumentar el rendimiento mental.

Los estimulantes son drogas que tienen un efecto de alertar, mejoran el estado de ánimo y hacen que el intelecto funcione más rápido, con lo que aumentan potencialmente el rendimiento mental y alivian la depresión. Los estimulantes legales, como la nicotina de los cigarrillos y la cafeína del café, el té y las bebidas de cola se utilizan continuamente para regular la energía mental a un nivel óptimo.

Los estimulantes ilegales, como la cocaína y la anfetamina se diferencian de los estimulantes legales en que dan euforia, pero tienen el precio de la dependencia. Sin embargo, los estimulantes resultan interesantes no sólo por su potencial de aumentar la energía cerebral, sino también por la luz que arrojan sobre el misterio de la naturaleza de la energía mental.

La cocaína es una droga que tiene una historia fascinante (aparte de lo nociva que pueda ser). Actualmente es una de las drogas más caras y más buscadas del mundo, utilizada por muchos millones de seres esclavizados por ella en todo el mundo. Sólo en EE UU, este polvo blanco mueve miles de millones de dólares al año. Esto promueve un enorme comercio ilegal e internacional, que sirve de financiación para algunos países, mientras desestabiliza y destruye otros.

Durante miles de años, los indios andinos han utilizado, por sus propiedades estimulantes, la hoja de coca, de las que se extrae la cocaína. Estas hojas producen en esencia los mismos efectos que su extracto cristalino, aunque, cuando las hojas se mastican, la cocaína sale de su interior lentamente y la sangre la absorbe a través del intestino. De esta manera, los efectos psicoactivos de las hojas son más graduales y menos intensos que el polvo puro, que normalmente se inhala o se inyecta.

La civilización Inca del Perú consideraba la coca como un don del dios Sol, y afirmaban lo siguiente:

“Los ángeles divinos han regalado al hombre la hoja de coca para calmar el hambre, dotar de nuevo vigor al que está fatigado y desfallece, y permitir a los infortunados que olviden sus miserias.”

Inicialmente los incas restringieron su uso a las clases reales y a los sacerdotes, pero con el paso del tiempo dicho uso se extendió ampliamente. Este proceso se vio acelerado con la conquista española, ya que, al darse cuenta de sus efectos estimulantes la daban a los indios cautivos que trabajaban, y, según los cronistas españoles, en algunos documentos de aquellos tiempos se puede leer:

“Esta hierba es tan nutritiva y vigorizante que los indios trabajan días enteros sin tomar nada más y, si están a falta de ella, experimentan un debilitamiento de sus fuerzas.”

Por lo tanto, los españoles, fomentaron de buena gana el uso de la coca por parte de los indios, especialmente cuando estos trabajaban en las minas de oro situadas a gran altitud.

La coca no penetró en Europa en cantidades sustanciales hasta mediados del siglo diecinueve, y su introducción se debió en gran parte a un químico corzo llamado Ángelo Mariano. Éste químico la popularizó desarrollando productos en los que se utilizaban extractos de coca. Este último se comercializó con el nombre de Vin Mariani (“el tónico mundialmente famoso para el cuerpo y el cerebro”), que se convirtió rápidamente en la bebida más popular de Europa. Se promocionó como vino y como medicina, y era una mixtura embriagadora recomendada por los médicos en toda Europa y América para cualquier padecimiento o dolor.

No es de extrañar que las damas y los caballeros de finales del siglo diecinueve bebieran Vin Mariano con gran entusiasmo, ya que combinaba un vino suave y agradablemente embriagador con una vigorizante dosis de cocaína, y todo ello se presentaba con una poderosa recomendación médica. ¿Qué más se podía pedir? Mariano fue aclamado como uno de los grandes ciudadanos europeos del momento y el Papa le concedió una medalla especial. ¡Lo que son las cosas!

El éxito de Vin Mariano inspiró a un farmacéutico de Georgia, John Pemberton, el invento de la Coca-Cola en 1886. La preparación original no fue exitosa, y, se anunciaba como estimulante para el dolor de cabeza. Se sustituyó rápidamente por un extracto de la nuez de cola, una fuente de cafeína. Esta nueva Coca-Cola se anunció como “la bebida intelectual de la templanza”. En 1888 se le añadió el agua de soda, obteniéndose la versión “Clásica” de esta bebida, aunque desde luego esta versión seguía conteniendo cocaína. La cocaína desapareció de la Coca-Cola a principios del siglo veinte, cuando se observó que causaba adicción, y se sustituyó por unos niveles más altos de cafeína. Las propiedades estimulantes de la Coca-Cola actual y de otras bebidas de cola se deben principalmente a la cafeína, así como a los altos niveles de azúcar.

La cocaína se purificó como un extracto de las hojas de coca en 1860, y esto marcó los comienzos de los problemas. La coca y los extractos de coca se han utilizado durante cientos de años sin que causaran ninguna dependencia psicológica observable y sin que aparecieran efectos secundarios negativos. Pero la cocaína purificada era diferente, y se tardó bastante tiempo en conocer esta diferencia. Uno de los defensores más influyentes de la cocaína fue Sigmund Freud.

En 1884, cuando era un joven neurólogo, Freud pidió prestada la gran cantidad de dinero que se necesitaba para comprar la droga pura y la experimentó en sí mismo y en muchos de sus amigos y pacientes. Descubrió que aquella droga aumentaba su energía y su virilidad, y acababa con la depresión. Escribió a Martha su prometida, al saber que ella había perdido el apetito:

“Pobre de ti, princesa, cuando llegue te voy a besar hasta que te pongas colorada y te voy a dar de comer hasta que te pongas gordita. Y si te resistes, vas a ver quien es más fuerte, una niña modosita que no come lo suficiente o un hombre grande y salvaje que tiene cocaína en el cuerpo. Cuando tuve mi última depresión grave, volví a tomar cocaína y una pequeña dosis me hizo subir a las alturas de un modo maravilloso. Ahora estoy precisamente reuniendo documentación para elaborar un canto de alabanza a esta sustancia mágica.”

Freud escribió realmente un largo trabajo científico elogiando las propiedades médicas y estimulantes de la cocaína, y recomendándola para una variedad de situaciones. Como consecuencia de esto, el uso de la cocaína se difundió aún más: se recetaba muy frecuentemente para aliviar la ansiedad y la depresión, y Freud disfrutó de la gloria que todo esto le reportaba.

Sin embargo, fue descubierto gradualmente que la cocaína creaba una adicción psicológica. Fleischl, un amigo íntimo de Freud, se volvió incontrolablemente adicto, y el propio Freud lo encontró una noche en estado crítico de delirium tremens, imaginando que serpientes blancas reptaban por su piel.

Se abusó de la cocaína durante todo el siglo veinte, pero su ampliamente difundido uso ilegal se disparó en realidad durante la década de 1980, especialmente en América, de tal forma que el tráfico ilegal de cocaína figura entre los mayores negocios del mundo, sin importar el daño que se hace a millones de criaturas por todo el mundo, y, lo peor de todo es que, en ese negocio están implicados Gobiernos y políticos y, hasta personas “honorables” de nuestra sociedad que, camuflados bajo una capa de honradez y falsa moralidad, están matando a muchas personas inocentes y destrozando a familias enteras para que ellos, gente sin conciencia ni moral, disfruten de una riqueza que está manchada por la sangre de muchos y el dolor de todos.

Por eso Freud nunca me ha caído bien, y, si de mí dependiera, los Gobiernos del mundo actuarían de otra manera muy diferente contra toda esa gentuza que pulula alrededor de ese negocio de la muerte y la desgracia que, convierte a personas decentes y normales en parias sin voluntad.

Emilio Silvera.

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1 Response to “Estimuladores del cerebro. Por Emilio Silvera.”


  1. 1 Kitty
    enero 1, 2009 en 11:09 pm

    Emilio, debo decirte con todo respeto que no debes tomar la parte por el todo: Freud no sabía quue la cocaína era tan adictiva y nociva. Mucho después, él siente un gran remordimiento por ello (leer la interpretación de los sueños).
    En los años setenta también los psiquiatras usaron el LSD, sustancia que más adelante fue prohibida. Creo que a veces la ciencia se mueve con estos avances y retrocesos, casi como un niño que enciende fuego desconociendo los resultados.
    Mis saludos


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